Sostenibilidad – Día Internacional de los Residuos Electrónicos

Hoy es el Día Internacional de los Residuos Electrónicos, día que se viene celebrando desde 2018 con el fin de sensibilizar sobre la problemática que supone el crecimiento de este tipo de desechos y la necesidad de incrementar su reciclaje.

Millones de productos electrónicos inundan nuestro planeta, y es que la tecnología se ha adentrado en nuestras vidas como parte imprescindible de nuestro día a día. Cada vez va creciendo más el consumo de este tipo de dispositivos, y con ello su renovación y desechos. Para hacernos una idea, el peso total (excluyendo paneles fotovoltaicos) del consumo mundial de equipos eléctricos y electrónicos aumenta de media anualmente en unas 2.5 millones de toneladas. [1] 

 

Generación de residuos electrónicos 

Cuando un producto electrónico llega a su fin de vida, pueden ocurrir muchas cosas. La realidad es que sus ciclos de vida cortos y la baja tasa de reparación ha provocado que, junto a su elevado consumo, la cifra de residuos electrónicos crezca a velocidades imparables. 

En 2019 el mundo generó la sorprendente cantidad de 53.6 millones de toneladas de desechos electrónicos, un promedio de 7.3 kg per cápita. La generación mundial de estos desechos creció 9.2 millones de toneladas desde 2014 y se prevé que crezca a 74.7 millones de toneladas para 2030, casi duplicándose en tan solo 16 años. [1] 

Generación mundial residuos electrónicos

En la anterior imagen se muestran las cantidades absolutas de residuos electrónicos generados por continente, siendo importante estudiar las mismas cantidades en términos de generación per cápitaEuropa ocupa la primera posición con 16.2 kg per cápita, Oceanía ocupa el segundo lugar con 16.1 kg per cápita, seguida de América con 13.3 kg per cápita, mientras que Asia y África generan unas cifras mucho menores, de 5.6 y 2.5 kg per cápita respectivamente. [1] 

  

Reciclaje 

Las actividades de reciclaje no están a la altura del crecimiento global de los desechos electrónicos. En 2019, la recolección y el reciclaje formalmente documentado fue de 9.3 millones de toneladas, es decir sólo un 17.4% del total de los desechos electrónicos generados. [1]  

Los residuos electrónicos suelen contener metales preciosos como oro, cobre y níquel, así como materiales raros de gran valor como el indio y el paladio. Muchos de estos metales pueden recuperarse, reciclarse y reutilizarse. Pero el gran desafío está en la complejidad de llevar a cabo esto, pues un producto puede llegar a estar compuesto por cientos de sustancias diferentes. Además cabe destacar que, aunque los desechos electrónicos puedan representar sólo un 2% de los flujos de residuos sólidos, llegan a significar el 70% de los desechos peligrosos que terminan en los vertederos. Y es que aproximadamente hasta unos 60 elementos de la tabla periódica se pueden encontrar en componentes electrónicos complejos, de los cuales muchos son técnicamente recuperables [2]. Pero también hay que tener en cuenta que muchos de estos recursos tienen una disponibilidad muy limitada, siendo difícil mantener el nivel de consumo existente hoy en día. Esto, junto a los graves impactos medioambientales y sociales que provoca su extracción, hace que la recuperación, reciclaje y reutilización sea más que una opción un camino inevitable que debemos seguir 

Las estadísticas de reciclaje muestran que en 2019 el continente con la tasa de recolección y reciclaje más alta fue Europa, con un 42.5%. Asia ocupó el segundo lugar con un 11.7%, América y Oceanía fueron muy similares con un 9.4% y 8.8%, respectivamente, y por último África tuvo la tasa más baja con un 0.9%. [1] 

  

Vertederos electrónicos 

El destino del 82.6% (44.3 millones de toneladas) de los desechos electrónicos generados en 2019 es incierto, y su paradero y el impacto ambiental varían en las diferentes regiones. En países desarrollados existen infraestructuras de reciclaje de residuos, pero una cantidad considerable de desechos electrónicos todavía se exporta ilegalmente o con el pretexto de ser reutilizados.  

Agbogbloshie Ghana río vertedero electrónico

Hay varias suposiciones sobre el volumen de movimientos transfronterizos de residuos electrónicos. En concreto existen varias investigaciones con localizadores instalados en diversos dispositivos, demostrado que salen del circuito legal y que acaban en países como Ghana, Nigeria, Tanzania, Pakistán, Tailandia, Hong Kong, India o China. A través de diversos estudios realizados por Basel Action Network, en la Unión Europea se calcula que se exporta aproximadamente un 6% de los residuos electrónicos cada año hacia países en desarrollo, en Canadá aproximadamente un 12%, en EEUU un 34%, y en Australia un 8%.  

El Convenio de Basilea [3] prohíbe exportar residuos electrónicos a países donde no se han generado. Sin embargo, parte importante de los residuos que se generan en países desarrollados acaban en países en vías de desarrollo donde no se dispone de medios para su correcto procesamiento. 

Uno de los problemas reside en la escasez de auditorías y la complejidad para el control del cumplimiento de este convenio. En muchas ocasiones los desechos se declaran como material de segunda mano, ocultándose con dispositivos de mejor apariencia en contenedores donde sólo se chequean una pequeña parte de los productos visibles, o internamente escondidos en vehículos exportados. Además, una vez llegado al país destinatario, devolverlo supone un coste elevado y los intereses por ambas partes son también altos.  

Lo que para los países desarrollados es basura, es un recurso valioso para otros países. Agbogbloshie es uno de los vertederos electrónicos más grandes del mundo, en Ghana (Acra). La minería urbana, donde los recursos se extraen de estos residuos, es el día a día de muchas personas. Pero los desechos electrónicos son tóxicos, no son biodegradables y se acumulan en el medio ambiente teniendo también un impacto adverso en la salud. 

En Agbogbloshie multitud de personas desmontan entre otras cosas pantallas, ordenadores, televisiones y electrodomésticos para revender componentes y obtener los metales considerados la parte más valiosa. También se queman cables, bobinas y diversa electrónica para extraer y vender al peso el cobre, aluminio y otros metales. Por otro lado, a veces consiguen reparar productos para luego revenderlos en los mercados.  

Agbogbloshie Ghana vertedero electrónico quema cables

Agbogbloshie es un centro abismal de economía circular. Pero el gran problema reside en las condiciones sociales y medioambientales. No sólo supone un grave impacto para la salud de las personas que se ganan la vida en el vertedero (parte de ellos niños), los habitantes de la ciudad, el mercado de verduras que hay contiguo, los animales que comen del vertedero, etc. [4] sino que también es un desastre ambiental que ha llevado a que Agbogbloshie pase a ser uno de los suelos más contaminados del planeta. [5] [6] 

  

Conclusiones

Los niveles de consumo de electrónica, la poca reutilización a través de la reparación, y la baja tasa de reciclaje, hacen que cada año aumente la cifra de residuos electrónicos.

Es necesario ir hacia un modelo en el que los productos y servicios no signifiquen más desechos, y acabar con la economía lineal para dar un paso hacia una economía circular donde se apliquen las 4Rs (reducir, reparar, reutilizar y reciclar).  

De hecho, los residuos electrónicos tienen un gran valor; se calcula que al menos 62.5 billones de dólares anuales [2], lo cual supera el PIB de muchos países, y en los próximos años podría valer más debido a la alocación de productos. Alocación o asignación derivada de la sobreexplotación de recursos naturales, cada vez más limitados y demandados. 

Por otro lado, los nuevos cambios en la tecnología como la computación en la nube, el internet de las cosas (IoT), o los modelos de negocio de la electrónica como servicios de arrendamiento (leasing), podrían tener el potencial de desmaterializar y favorecer la economía circular.  

Es necesario fomentar la economía circular mediante regulaciones auditadas para su cumplimiento, apoyando al sector con políticas adecuadas. Reconsiderar los desechos electrónicos, reevaluar la industria electrónica y replantear el sistema en beneficio de los consumidores, fabricantes, trabajadores, la sociedad, su salud y el medio ambiente.  

Y para ello es imprescindible que se piense en la fase de fin de vida desde la primera etapa de diseño del producto. Como comentábamos en una de nuestras entradas de blog en la que hablábamos de diseñar para durar, desde la ingeniería se requiere un diseño optimizado para promover una tecnología sostenible, que es una de las claves del diseño de TEKHNĒ. 

Si este artículo te ha resultado interesante, puedes compartirlo en tus redes sociales:

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Deja un comentario